Formación

Si se espera que el desempeño efectivo del personal aumente, es claro que debe brindarse, además de las herramientas y las innovaciones tecnológicas, el conocimiento de las técnicas y métodos que harán posible el uso eficiente de los equipos que estarán bajo el cuidado del trabajador. Esta consideración conlleva al inminente aprovechamiento tanto de las condiciones físicas e intelectuales de los individuos, como de aquellas concernientes al espacio, ambiente laboral y bienes presentes en la compañía.

 

A este respecto, la formación es una muy importante forma de motivar al personal: mientras éste se sienta apto para llevar a cabo sus tareas con las técnicas y estrategias mostradas, su propia satisfacción y rendimiento serán mayores. Por consiguiente, el ambiente laboral tenderá a ser armónico y productivo gracias a la fluidez de las labores, para cuya culminación disminuirá cualquier obstáculo.

 

 

 

Hasta aquí, gracias al carácter tangible de los recursos –y su correspondiente costo por manejo–, la formación del personal se hace, más que obvia, imprescindible. Sin embargo, emergen entonces otro tipo de razones para sustentar la preparación de los trabajadores, que no son tan simples de identificar a primera vista y que, de hecho, suelen pasarse por alto durante el diseño de presupuesto y el propio análisis de inversión. Éstas se refieren al desarrollo de actitudes, valores, destrezas y conocimientos que fortalezcan una visión crítica y un sentido solidario y de pertenencia hacia la excelencia individual y colectiva, dentro de la organización y fuera de ella.

 

Actualmente la capacidad de aprender más rápido que la competencia con mucha probabilidad es la más importante y sostenible ventaja competitiva. Las organizaciones tienden a convertirse en organismos inteligentes y creativos, capaces de ver la realidad desde otras perspectivas. El prestigio, reconocimiento y rendimiento laboral de una empresa se fundamentan en la atención profesional y trato apropiado que la misma les proporcione tanto a su personal como a los clientes en todas sus relaciones interpersonales. Para ello, es indispensable que la formación de las personas de la compañía se vea como realmente es, como una inversión, y no como la obsoleta idea de gasto que antaño priorizaba en los bienes materiales únicamente. Hay que recordar que las organizaciones siempre han dependido del capital humano e intelectual a su disposición para su funcionamiento y evolución. De allí que deban hacer importantes esfuerzos por responder a las necesidades de desarrollo integral de su personal.

Seminarios

Escríbanos a

571-2681920

571-2682043